Y a sus palmeros!.

Dícese de palmeros, a los que permiten.
Aquellos que se callan o colaboran, viendo como desprecian y se mofan de los demás, no solo cada día, sino en cada ocasión aunque no venga a cuento y aunque los demás no respondan a sus provocaciones.

martes, 13 de enero de 2015

Una vez dije que soy como el bambú y los lerdos no lo entendieron, claro.

Parte del post publicado por Hugo Ferrer.

En los mercados, el hombre flexible es el macho alfa

Ídem para la mujer.

Este fin de semana leí, aquí en inBestia, el mayor halago que nunca nadie me ha dirigido. No tiene nada que ver con ser guapo, bueno o listo, sino con ser flexible.

Por eso me gusta esta web, un día Hugo nos dice que la bolsa puede ser alcista durante meses y otro nos cuenta que ve riego de crash. Se puede equivocar como todos, pero al menos no tiene una posición estática en el mercado.

Para mí, como operador bursátil, que reconozcan mi flexibilidad es el mayor halago que puedo recibir. Un especulador necesita un modelo con el que abordar el mercado, pero sobre todo necesita aplicar tácticamente su modelo aceptando la realidad. Si tu modelo te dice que el mercado ha de subir pero éste sigue descendiendo, hay que ser flexible y aceptar la realidad, los hechos. De lo contrario solo eres un tipo con una idea que te va a arruinar. Será firme en tus convicciones pero serás pobre.
El modelo es importante, es la base porque funciona la mayor parte del tiempo. Pero es igual de importante el planteamiento flexible que se adapta a los hechos. Esa es la forma de especular, con el ahora, con lo que está pasando en estos momentos.

El negocio con el mercado es ahora, no mañana. Debes actuar al momento o abandonar.
(Jesse Livermore)

Ser flexible de una manera radical, de tal manera que uno pueda pensar un día una cosa y al día siguiente otra, suele ser una característica indeseada en la sociedad. Un claro signo de debilidad. ¿Se imaginan a un tipo que dice que su idea política es X y en 24 horas dice que es Y? ¡Le tomaremos por loco! Biológicamente admiramos a las personas en las que podemos confiar, las personas con ideas estables, con convicciones y principios difícilmente mutables. Y, en mi opinión, así debe ser en muchos casos.

Pero hay un problema.

En los mercados este tipo de personas son las más débiles. Lo expliqué en mi pequeño libro de notas Contrarian Investing y que reproduzco a continuación:

El mundo suele premiar al hombre de convicciones e ideas fuertes. Y encuentra como débil al que aún no ha encontrado principios inalterables y duda de todas sus ideas. En nuestro entorno social, tener convicciones e ideas fuertes es atractivo y necesario, pero en el mercado de acciones es un pecado que nos cuesta la muerte financiera.

Lo que diferencia a quienes están en los mercados financieros respecto a otras profesiones, es que el error tiene consecuencias en tiempo real en nuestras cuentas y, en el peor de los casos, recibimos una llamada para proveer más margen a la posición. Sin embargo, en otro campo como por ejemplo el de la política, el político dueño de una idea pobre, insuficiente o incorrecta puede ser coronado emperador y solo cien años después demostrarse plenamente las nefastas consecuencias de su ideario.

En los mercados, donde las hipótesis se confirman y falsean a una velocidad de vértigo, los operadores con más y mayores principios, más convicciones y creencias firmes, simple y llanamente son los más débiles.

Y el que es radicalmente flexible, el que no se ata a su pensamiento de ayer, el que en otros campos sería tachado débil, indeseable y poco confiable, en los mercados es el hombre fuerte, el hombre alfa, el que gana.

Una vez nos damos cuenta de que el imperfecto entendimiento es propio de la condición humana no hay vergüenza en estar equivocado, pero sí, si fallamos en corregir nuestros errores
(George Soros)



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